La desaparición de la cruz del Aneto: impacto en montañeros, récords de Luis Alberto Hernando y Oihana Kortazar y debate sobre símbolos en los Pirineos
La desaparición de la cruz del Aneto ha conmocionado a la comunidad montañera y a los amantes del deporte extremo en los Pirineos. Este símbolo, presente desde 1951 en la cima del pico más alto de la cordillera, no solo representaba un referente religioso, sino que también ha sido un hito emblemático para los récords deportivos de corredores de montaña como Luis Alberto Hernando y Oihana Kortazar. En este artículo se analiza la historia, el valor cultural y deportivo de la cruz del Aneto, así como las recientes desapariciones de símbolos similares, que abren un debate sobre el significado y la conservación de estas marcas en las cumbres.
La historia y el valor simbólico de la cruz del Aneto
Origen y restauraciones
La cruz del Aneto fue colocada en la cima del techo pirenaico en 1951 por el Centre Excursionista de Catalunya, con motivo del 75 aniversario de la entidad. Esta instalación generó controversia regional, particularmente con Aragón, que respondió colocando una imagen de la Virgen del Pilar en la cima. Desde entonces, la cruz ha resistido las duras condiciones del entorno montañoso, incluyendo vientos extremos: en los años sesenta fue arrancada por rachas fuertes y recolocada posteriormente, y en mayo de 1999 soportó vientos superiores a 200 kilómetros por hora que también la derribaron.
En 2018 la cruz fue objeto de actos vandálicos al ser pintada de amarillo, lo que requirió una restauración. La última intervención significativa tuvo lugar en agosto de 2023, cuando la cruz regresó a la cima tras una restauración completa y una compleja operación aérea coordinada por el GREIM de Benasque. La estructura mide más de tres metros de altura y pesa cerca de cien kilos, reforzada para soportar las condiciones extremas propias de los 3.404 metros del Aneto.
Un símbolo más allá de la religión
Para muchos montañeros y corredores, la cruz del Aneto ha superado su valor religioso para convertirse en un símbolo cultural y deportivo. Marca el punto final de una ascensión exigente en técnica y esfuerzo, y representa un hito físico que identifica el logro alcanzado. Este valor intangible ha sido reconocido por figuras destacadas del trail running, que la consideran una meta tangible y emocional.
Los récords que marcaron la cruz
Luis Alberto Hernando y el FKT del Aneto
El 15 de julio de 2021, Luis Alberto Hernando, corredor burgalés y miembro del GREIM residente en Jaca, estableció un nuevo récord de ascenso y descenso en el Aneto. Partió desde Benasque por la ruta de Vallibierna e ibones de Coronas, tocando la cruz a las 2 horas, 14 minutos y 40 segundos. Finalizó la carrera con un tiempo total de 3 horas, 38 minutos y 15 segundos, rebajando en casi cinco minutos el récord anterior de Borja Fernández y en más de nueve el histórico crono de Quico Soler en la Aneto Xtrem de 1998. Este récord fue homologado por jueces de la FEDME y consolidó la cruz como una referencia fundamental en el mundo del trail running en los Pirineos.
Luis Alberto Hernando expresó en sus redes sociales la importancia de esta tradición y lamentó la desaparición del símbolo: «Nos extinguimos», decía en su Instagram, reflejando la tristeza de una comunidad que ve cómo desaparecen hitos que representan su pasión y cultura.
Oihana Kortazar y el homenaje a las pioneras
Solo unos días después, el 23 de julio de 2021, la corredora vasca Oihana Kortazar se propuso batir el récord femenino del Aneto, vigente durante 23 años. Partió a las 5:45 de la mañana desde la plaza Mayor de Benasque para recorrer 37,9 kilómetros con más de 2.300 metros de desnivel positivo. Su tiempo final fue de 4 horas, 40 minutos y 42 segundos, superando en casi 22 minutos la marca histórica de Emma Roca establecida en 1998 en la Aneto X-Treme Marathon.
Kortazar afrontó el recorrido con un claro homenaje a las pioneras del trail running, acompañada por Teresa Roca, poseedora del mejor tiempo femenino de ascenso durante más de dos décadas. A pesar de su vértigo, cruzó el Paso de Mahoma, utilizó crampones en el glaciar y tocó la cruz a las 2 horas y 46 minutos, 24 minutos por debajo del récord anterior de Teresa Roca. Para ella, la cruz fue un símbolo tangible del esfuerzo y la memoria compartida en la montaña.
La desaparición de la cruz: un impacto y un debate abierto
El robo y el corte limpio
Apenas ocho meses después de su restauración y recolocación, la cruz del Aneto ha desaparecido misteriosamente. Los primeros vídeos de montañeros que alcanzaron la cima recientemente mostraron un corte limpio en la base de la cruz, típico de una radial, descartando causas naturales como el viento o desprendimientos accidentales. Esto indica que alguien subió hasta los 3.404 metros de altitud con la intención clara de destruir este símbolo.
Simultáneamente, desapareció la cruz del pico Gratal, otro símbolo reconocible del prepirineo oscense. Estas dos desapariciones en pocos días han generado una gran conmoción en la comunidad montañera de Aragón y han reabierto un viejo debate sobre la presencia de símbolos religiosos en las cumbres.
Símbolos religiosos y culturales en las montañas
La presencia de cruces y otros símbolos religiosos en las cumbres de los Pirineos es abundante. Por ejemplo, el Canigó, un icono cultural catalán, reúne cruces, exvotos, placas y banderas; el Urriellu en Picos de Europa exhibe una imagen de la Virgen; y otras cumbres del prepirineo aragonés, incluido el Gratal, albergan elementos diversos colocados por habitantes, clubes y asociaciones. Un informe reciente señala que en todo el Estado hay cerca de 500 símbolos religiosos en montañas y cumbres.
El debate sobre la conveniencia de mantener o retirar estos símbolos está abierto desde hace años, con posturas que van desde la eliminación total de iconos confesionales hasta su reconocimiento como hitos culturales y emocionales que trascienden el plano religioso.
El método y la indignación
Lo que ha generado un rechazo casi unánime, incluso entre quienes defienden la retirada de símbolos religiosos, es el método empleado para quitar la cruz del Aneto. Subir con una herramienta eléctrica hasta la cima más alta de los Pirineos para realizar un corte limpio y deliberado implica una planificación y esfuerzo considerables, además de una intención clara de destruir un símbolo que para miles representa mucho más que una cruz.
La Guardia Civil continúa investigando, pero la cruz sigue sin aparecer. En la cima del Aneto, ahora solo queda el vacío que dejó este ícono, un hueco que para muchos corredores y montañeros es también la ausencia de un punto de referencia esencial en sus desafíos deportivos y personales.
Reflexiones finales: ¿qué futuro para los símbolos en las cumbres?
La desaparición de la cruz del Aneto invita a reflexionar sobre el equilibrio entre respeto cultural, tradición deportiva y diversidad de sensibilidades en espacios naturales tan emblemáticos como los Pirineos. ¿Debe conservarse esta simbología en las montañas, adaptándose a un nuevo contexto, o es momento de replantear su presencia? ¿Cómo proteger estos hitos del vandalismo y preservar su significado para las futuras generaciones?
La respuesta a estas preguntas definirá el futuro de muchas cumbres y sus símbolos, pero lo cierto es que, mientras tanto, miles de corredores y montañeros sienten la ausencia palpable de la cruz del Aneto en el techo de los Pirineos.
¿Será posible recuperar la cruz del Aneto o será este el inicio de una nueva era sin símbolos en las cimas? ¿Qué opinas tú sobre el valor cultural versus el religioso de estos elementos en las montañas? Comparte tu perspectiva.